Land of Nothigness, nada más que mostrar

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Parménides nos dijo que del “no ser”, de la nada, no se puede hablar. Quizá por eso Maroesjka Lavigne nos lo cuenta con imágenes.

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Land of Nothingness relata un viaje a través del tiempo y del color. Un tiempo que trascurre despacio, quizá como debiera trascurrir, en un lugar de nada excepto de soledad. Esa que acompaña a los pocos supervivientes que lo habitan. Son ellos los que completan las imágenes de Land of Nothingness, sin ellos no se entendería nada. Nada de la nada. No se entendería la sensación que recorre el cuerpo de Maroesjka cuando la recorre, la insignificancia de las formas de vida en un lugar como este. 

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La vasta inmensidad y la rotundidad del paisaje contrastan con la suavidad de los tonos que la colorean. Tras el objetivo del artista parece que Dios sólo llevo el maletín de los tonos pastel cuando diseñó la tierra de Namibia. Pero para compensarlo se esforzó mucho y le prestó atención a las combinaciones; -por lo menos que me quede equilibrado- debió pensar. Arenas de distintos colores, salinas, cielos infinitos, vegetaciones extremas; todo parece encajar. 

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Ese contraste entre lo radical de los elementos y la suavidad de los matices es lo que nos inquieta en Land of Nothingness

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Land of Nothingness refleja la decadencia de una tierra vieja, enferma y olvidada con la única asistencia de unos pocos que con la tristeza de quien sabe que no todo es para siempre, la procuran cuidados paliativos. Hay paz en el sufrimiento y en la soledad cuando se tiene la certeza de estar en el lugar adecuado. De formar parte del final de una larga y emocionante historia que se puede leer en cada grieta.

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Fotografía de Maroesjka Lavigne