La antivilla de Arno Brandlhuber

La Antivilla se encuentra en el sudoeste de Berlín, y como su nombre indica es una casa que quiere cuestionar la relación entre las regulaciones de construcción, la eficiencia energética, la creciente concepto del re-usar y la vivienda adaptativa. El edificio dónde se encuentra la Antivilla es una antigua fábrica alemana de lencería llamada “Ernst Lück”.

La renovación se llevó a cabo entre 2010 y 2014 por Brandlhuber+ y Pichler engineers, y como resultado conceptualizaron este espacio que es tanto vivienda cómo estudio pero con unas características claramente diferentes a lo “normal”.

 

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En vez de aislar la estructura existente e invertir todos los costes que eso supone, la fachada se cubrió con hormigón proyectado, un sistema que permite que se adhiera a la superficie existente.

Para ayudar a generar la sensación de espacio abierto, todos los muros no portantes se derribaron y se construyó un elemento funcional de 20 metros cuadrados en el centro de las dos plantas. Esta pieza central alberga las escaleras, el baño, una pequeña cocina, una chimenea y una sauna.

 

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El espacio puede ser dividido por simples cortinas transparentes de PVC que pretenden ser un elemento cambiante dependiendo del tiempo y la temperatura en el exterior.

Durante verano, se propone que las cortinas limiten el dormitorio de 10 metros cuadrados.En cambio  durante el invierno la zona con calefacción alcanza unos 60 metros cuadrados de este loft de 230, y permite mover la cama más cerca de la chimenea.

El techo a dos aguas existente, hecho de chapas estriadas de amianto, se eliminó y se reemplazó con con una losa plana de hormigón que permite que estructuralmente las paredes puedan soportar grandes aperturas en las paredes.
Los agujeros creados llegan a los cinco metros de ancho y se convierten en grandes ventanas en el norte y el sur de la fachada. Son el resultado del trabajo colaborativo de sus amigos que golpearon las paredes con martillos para crear grandes aperturas que ofrecen una vista escénica del lago.

 

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Fotografías de Erica Overmeer

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