Instituto Andaluz de Biotecnología por Sol89

El Instituto Andaluz de Biotecnología se sitúa en una de las parcelas de la Exposición Universal de 1992, en Sevilla. Es el resultado de un concurso convocado por una sociedad de empresas médicas, ganado por el estudio sevillano Sol 89 junto a Francisco González y Salvador Méndez. El lugar está saturado de edificios terciarios, con grandes singularidades altisonantes, herencia de los pabellones de la exposición. En contraposición, el edificio proyectado busca la calma, siendo una presencia silenciosa. 

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El programa del Instituto Andaluz de Biotecnología resuelve una serie de especialidades médicas proporcionales en superficie al capital invertido en cada una de ellas. A partir de esa proporcionalidad se plantea una sección a modo de diagrama de barras. De esta manera, la sección del edificio se configura a través de tres vacíos concatenados. En torno a ellos, un gran espacio ordena las circulaciones y actividades del centro.

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El resultado es un edificio con más de 6000m2, un volumen compacto, áspero y opaco al exterior, pero que es excavado en su interior. La planta baja del Instituto Andaluz de Biotecnología queda liberada en gran parte de su superficie, creando un atrio de grandes dimensiones como lugar de entrada.

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En el Instituto Andaluz de Biotecnología, la arquitectura pasa a ser lo que está en medio, entre lo construido

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Se utiliza el vacío y la porosidad como principales herramientas de trabajo. El vaciado se formaliza mediante la superposición de variaciones de plantas. Cada una de ellas posee la misma porosidad pero repartida de modo distinto, generando patios, terrazas y vacíos. Las circulaciones dentro del Instituto Andaluz de Biotecnología, transcurren paralelamente en los extremos, a un lado los pacientes y al otro el personal sanitario. De esta forma sólo el encuentro entre médico y paciente, se da en las bandejas que conforman las especialidades y que flotan en el vacío.

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La materialidad exterior del Instituto Andaluz de Biotecnología entra en contraposición con la interior. Por fuera, un aspecto tosco, de hormigón visto en gris y paneles grecados en tonos terrosos. El interior en cambio, aún manteniendo la paleta de color grises y marrones, las grandes entradas de luz y el uso de vidrio y sus reflejos, otorga un carácter casi etéreo al espacio.

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Fotografías de Jesús Granada.

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