T. Taller de Cocina por el estudio SOL89

El pequeño local donde se desarrolla este T. Taller de Cocina se sitúa en el centro de Sevilla, en la Calle Boteros, lugar que remite a la tradicional venta de botas para el vino. La superficie construida de 59 metros cuadrados posee una forma aproximada a un cuadrado, con tres huecos hacia la calle y un pequeño patio que permite una entrada de luz moderada.

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El estudio SOL89 plantea un T. Taller de Cocina singular, dónde todo remite al fuste de fundición central que se presenta en el local. El proyecto busca crear un espacio donde ensayar diferentes recetas y a la vez, un lugar donde impartir cursos de gastronomía o catas. Esta premisa lleva a generar un espacio común entre comensales y profesor/cocinero, donde la componente comunitaria está presente en cada elemento.

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Dentro de la cáscara de los muros de carga de fábrica de ladrillo, se inserta un nuevo elemento de madera que da lugar a un espacio en negativo y otro en positivo. Junto a los límites preexistentes se sitúan las zonas de almacenaje, aseo y office. En cambio, en el espacio positivo, dentro de un gran biombo de madera central, se desarrolla la actividad de taller propiamente dicha.

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Taller de Cocina por el estudio SOL89 crea una nueva atmósfera dentro de un pequeño local mediante la geometría y la materialidad

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El nuevo lugar del T. Taller de Cocina se enrosca entorno al pilar de fundición. Una estructura de madera de fresno con forma concéntrica subraya la centralidad. SOL89 consigue una lectura clara del local, donde los usos residuales o de menor importancia quedan relegados al espacio de intersticio.   

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Conforme se asciende la mirada, el paramento curvo del biombo se desmaterializa, quedando de éste sólo los rastreles que sirven de estructura. Estos rastreles fugan hacia el pilar de fundición recreando una atmosfera que envuelve la sala.

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El T. Taller de Cocina se completa con una gran mesa circular de diferentes tipos de madera, todas ellas extraídas de las calles de Sevilla: naranjo, robinia, ciprés, Meliá, olivo y grevillea. La mesa es el suelo de las manos, como citaba el filósofo Gustavo Bueno y al que se remiten los arquitectos. Esta mesa sirve tanto a comensales y alumnos como al propio cocinero. Abraza el punto central y permite acomodar su altura según los actos de cocina o degustación que se den.

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El proyecto del T. Taller de Cocina puede entenderse como una arquitectura instalada más que una arquitectura construida. La forma de alojarse dentro de la arquitectura existente permite la reversibilidad, aportando una capa más a la memoria del lugar sin perpetuarse en él.

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Fotografías de Fernando Alda.

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